viernes, 11 de junio de 2010

Los Ojos de Zeus


Hemos perdido el pasado.

Recuerdo que lo metí en alguno de los cajones del enorme armario del dormitorio, pero ahora... ahora ya no lo encuentro. Estaba junto con una manta de lana y unos calcetines para dormir.

Zeus entra en el cuarto y me ve arrodillada, buscando y revolviendo todos los cajones.

–¿Qué haces? –me pregunta, con su voz familiar y envejecida.

–No lo encuentro. Lo puse aquí, seguro, pero ya no está.

Él se acerca y se arrodilla a mi lado. Le cuesta. Todos sus movimientos son ahora calculados para no emplear más fuerza de la necesaria, para no efectuar una mala maniobra y caer de bruces.

–¿Qué buscas? ¿Te ayudo?

Yo lo miro desolada. Si no lo encontramos pronto... ¿qué nos quedará? Todo se ha ido gastando: el dinero, la casa, la juventud... Sin embargo, con el pasado ha sido todo lo contrario. Cada vez teníamos más y más.

Al principio, ocupaba todo el dormitorio. Luego, se fue desbordando y se desparramó por toda la casa, llenando cada rincón de fotos, de ecos de risas antiguas, de versos pronunciados mucho tiempo atrás, de recuerdos cada vez más desgastados... Hasta que un día, yo lo recogí todo y lo metí en el armario. Para que nada se escapara, para no perder nada. Y, ahora, me encuentro con que ha ocurrido lo que tanto me temía.

Me estoy poniendo cada vez más nerviosa. Zeus comienza a buscar conmigo, en solidaridad con mi causa, aunque desconozca la locura que me invade de pronto. Pero no es algo que me sorprenda. Sé, dentro de mi mente cansada, dentro de mi corazón, que Zeus siempre hará por mí esas cosas. Me refiero a cosas como ponerse a buscar a mi lado algo que no sabe qué es.

Después de unos minutos de infructuosa búsqueda, Zeus coge mi mano con cariño, con la confianza que dan miles de días compartidos, y me dice:

–No te preocupes, lo encontraremos, sea lo que sea.

Yo me giro para mirarlo. Los ojos me escuecen por contener la desesperación que me invade por momentos. Quiero creerle... Zeus nunca me ha mentido.

Entonces lo veo. Allí está todo: lo que busco, lo que quiero, lo que soy.

El pasado arde como un fuego incombustible en los ojos de Zeus. En plena incandescencia, puedo ver todo aquello que atesoro y me doy cuenta de que no es sólo pasado lo que guardan esos ojos amados...

Prometen también futuro. Prometen también no hacerme olvidar nunca quién soy y por qué soy.