La impaciencia del lector (y del escritor)

Hola, mundo!!

Hoy quiero lanzar una pregunta, tanto a los que sois lectores como a los que también escribís. ¿Somos impacientes a la hora de leer una novela o a la hora de escribirla y contar la historia?


Me explico. Hace poco iba yo en mi coche, camino del trabajo (de mi trabajo real, el que nos da de comer a mi familia y a mí), pensando en todas las correcciones que aún me quedaban por hacer a la novela que verá la luz el 29 de mayo si nada lo impide.(#lajoyademeggernie) Era uno de esos momentos de agobio, de esos en los que piensas que no vas a llegar, que lo que has escrito es una porquería y que no entiendes qué haces tú metida en semejante berenjenal con lo bien que se está tumbada en el sofá viendo películas en lugar de ponerte a probar cosas nuevas como la autopublicación. 




Pues bien. Mi pensamiento más negativo en esos momentos (y menos mal que había un conejo a un lado de la carretera y eso me distrajo un poco), era que el principio de mi novela no tenía la suficiente fuerza. No iba a enganchar, no iba a captar la atención del lector lo bastante como para que se quedara entre las páginas del libro hasta el final. Y, creedme, a tan solo un par de semanas de la salida al mercado de la novela, es un pensamiento que da mucho por saco...

La primera pista de que esto podía llegar a ocurrir me la dieron las lectoras cero (esos seres maravillosos que te regalan parte de su tiempo para revisar tu trabajo y decirte dónde puedes mejorar). Una de ellas me dijo que le había gustado mucho la novela a partir de que la protagonista se encuentra con ciertos personajes. 

A partir... Entonces, ¿todo lo de antes no le había gustado? ¿Le había aburrido? ¿Se le había hecho pesado? Otra de ellas me puso un comentario a un lado del manuscrito en determinado capítulo poniendo: ¡Al fin! (Y al lado una carita sonriente) justo cuando aparece el prota masculino. Por supuesto, eso quería decir que estaba deseando que apareciera ya el mozo de una vez por todas... ¿Me había enrollado demasiado hasta ese momento? ¿Era necesario contar todo lo que había contado antes, al principio de la novela?




Tras meditarlo mucho, mi opinión en aquellos momentos de corrección fue que SI, era necesario. Pero tal vez había equivocado la estructura, la manera de contarlo. Así pues, cambié el inicio. Metí un prólogo en el que aparece el protagonista masculino en primer lugar, que resolvía de golpe un par de problemas: el chico no se hacía tanto de rogar a la hora de presentarse al lector, al tiempo que este inicio daba pistas sobre el conflicto que este personaje iba a tener durante casi toda la novela. 

Bien, ¿no? Pues no. Ahí me tenéis, en mi coche, con la música de Luis Fonsi de fondo, un conejo comiendo hierba en el arcén y mi cabeza castigándome una y otra vez porque pensaba que iba a aburrir al lector en los primeros capítulos de la novela. Tenía que resumir, quitar cosas, llegar antes, con menos páginas, al meollo de la cuestión porque, de otra manera, el lector se iba a impacientar y acabaría abandonando el libro en cualquier rincón.


Y entonces me asaltó la idea de que todos vamos muy deprisa (tal vez porque la canción que sonaba era Despacito y los pensamientos se fueron encadenando uno tras otro...), que buscamos una inmediatez en todo lo que hacemos, en lo que vemos, en lo que leemos, producto de la velocidad a la que vamos por el mundo. Queremos resultados y los queremos YA.

Yo, como autora, me impacientaba por lograr que el lector llegara cuanto antes a las partes de la novela que creía le iban a gustar más. Corre, corre, corre. Y no me estaba dando cuenta de que, a lo mejor, tenía que dejar que el lector disfrutara del paseo, que se impacientara, sí, pero como cuando yo me impaciento por saber qué pasará en el siguiente capítulo de Juego de Tronos. Según mi cuñado, podríamos pasar sin ver los ocho primeros capítulos de cada temporada y quedarnos solo con los dos últimos, que es cuando pasa lo más gordo, lo más emocionante, lo mejor. 

Pero, en este caso, no comparto su opinión. Porque cada capítulo aporta algo. En cada uno de ellos hay un detalle, una escena, una imagen, un diálogo que hace que la historia avance, y que vaya generando expectación, que se te vayan acumulando las ganas y, en definitiva, que disfrutes más del momento cuando por fin llega lo que tú estabas esperando, lo que te morías por ver y al fin sucede.




Al final, a pesar de mis dudas, la novela se ha quedado como estaba (salvo por el pequeño cambio de estructura realizado con el prólogo), y solo espero que cada capítulo aporte algo, que haga disfrutar al lector poco a poco... hasta llegar a sus momentos favoritos de la novela, que no tienen por qué ser necesariamente los mismos que los míos...

¿Y vosotros qué opináis? ¿Creéis que somos impacientes como lectores? ¿Si somos autores, además de lectores, trasmitimos esa impaciencia a la trama de la novela, haciendo que todo vaya demasiado deprisa? ¿Habéis leído novelas en las que os ha pasado esto (incluidas las mías)? Contadme.







Comentarios

  1. ¡Hola!
    Pues yo, como lectora, creo que tengo bastante paciencia en ese aspecto. No necesito que las cosas comiencen "ya", suelo darles oportunidades a los libros que empiezan, digamos, más despacio, aunque claro, hay excepciones. Empezar despacio no quiere decir que la mitad del libro sea todo contextualización, algo de acción debe tener.
    Por ejemplo, The Host, de Stephenie Meyer me encanta pero tiene un inicio muuuy largo, cuando lo empecé por primera vez pensaba que no me iba a gustar. Ese mismo libro sé que mucha gente lo abandona por ese inicio y es un caso en el que hay que tener mucha paciencia. No creo que haya que llegar a ese punto, pero si una novela comienza de una manera un poco lenta, a mí no me importan.
    Como autora, reconozco que a veces eso da miedo, pensar que el lector no va a querer continuar la historia, pero aun así, si la historia me lo pide, no creo que pueda cambiarlo tanto porque yo no estaría a gusto.
    ¡Saludos!

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  2. Ay, Galena!! Pues me ha pasado lo mismo con esta nueva novela. No he quitado nada del principio porque la historia me pedía ser contada de esa manera, aunque el miedo como autora sigue ahí. Y como lectora, si el libro empieza lento pero me gusta lo que está contando, tengo paciencia... Pero si lo que cuentan, o cómo lo cuentan no me está llegando, confieso que soy del grupo de los impacientes....

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  3. Es que si la historia te pide ser contada así, hacer lo contrario es difícil, como que una no está bien, jajaja Yo prefiero quedarme satisfecha aunque luego reciba algunas críticas que cambiarlo.

    Las críticas está bien tenerlas en cuenta pero yo sobre todo me fijaría si tratan de temas que yo ya me olía que podían estar un poco mal, o si me ayudan a mejorar algo que no me convencía... cosas así y está bien tenerlas en cuenta para otras historias, pero a veces no pasa nada por ir con algo en la historia que sabes que puede que no guste a todos, si lo necesitas. No hay que rayarse porque no gusten todos los aspectos de la novela. De todas maneras ya verás que seguro que gusta y no pasa nada.

    ¡Besos!

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  4. Pues tienes razón, nos puede la impaciencia. En todo caso, la historia tiene que ser contada como los autores consideran que tiene que ser contada... es imposible hacer un trabajo que guste a todos,así que lo principal es que uno esté satisfecho con lo que hace pensando en sí mismo, y no en los demás.
    Y esa es la buena, la tuya, la que te satisface, así que las opiniones y los consejos, incluso los bienintencionados, son sólo eso, no dogmas que haya que seguir ciegamente porque contienen la verdad absoluta.
    Estoy convencida de que el resultado final va a encantar tal y como hayas decidido dejarlo, ¡y estoy deseando comprobarlo por mi misma!!!!

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    1. Estoy contigo, hay que hacer caso de las sugerencias y las apreciaciones de los demás, porque tratándose de algo que hemos escrito nosotros, siempre tendemos a no ver más allá de nuestras narices. Pero siempre, siempre, el autor debe ser fiel a sí mismo. Se pueden modificar cosas para pulir el manuscrito, pero no cambiar de raíz y escribir algo que no te ha salido de dentro...

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  5. Somos impacientes, pero un libro no puede dárnoslo todo de golpe, eso sería tan terrible como no dar nada. Hay que ir introduciendo al lector poco a poco en la historia. Pero cada lector es un mundo y no a todos les va a gustar lo mismo.
    Yo creo que el secreto lo has dicho tú: hay que aportar algo importante e interesante en cada capítulo, que le indique al lector que no ha perdió el tiempo leyéndolo.
    ¡Venga!! Ya queda poquito para tu libro. Estoy deseando de leerlo, seguro que me encanta porque sé cómo escribes :)

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    1. Completamente de acuerdo. Si el libro lo da todo de golpe, se acaba la magia, se acaba la intriga y el querer seguir leyendo... Un besazo.

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  6. Yo creo que si, la gente es impaciente. No me incluyo porque yo disfruto del libro que me hace impaciente, me gusta la sensación. Me encanta desesperar porque aun no llega, me gusta disfrutar el ritmo se loa libros, no todo tiene que ser trepidante.

    Te pongo un ejemplo, cuando leemos una novela romantica todos nos morimos porque los protagonistas estén juntos, pero ¿qué gracia tendría si eso ocurre así de repente? Nos perderíamos la atraccion, la tensión sexual y todo lo que hay detrás.

    Personalmente disfruto mucho de los libros que no me hacen esperara, pero te aseguro que ni la mitad de lo que disfruto con un libro que tiene el ritmo adecuado, que va despacio, que me hace esperar casi hasta desesperar para tener lo que quiero. Esos son los mejores.

    En cuanto a tu libro, Kate, tengo que decir que, una de las cosas que más me gustan de como escribes es que sabes llevar estupendamente el ritmo de la novela. No corres, no te retrasas, lo haces justo como tiene que ser y eso a mi me hace disfrutar de tus libros mil veces más que si no estuviera esperando lo que quiero.

    ¡Un beso preciosa!
    Lucía.

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    1. A mí también me encanta deseseperar cuando me están poniendo la miel en los labios y parece que nunca va a llegar el momentazo que tú esperas, jajajaja, nos gusta sufrir, pero solo para disfrutar más cuando todo ocurre.

      ¡Un besazo!

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  7. ¡Hola, Kate!

    Bonita cuestión la que planteas. Desde mi punto de vista de lectora casi compulsiva, pero absolutamente incapaz de poner dos frases juntas para contar una historia, te digo que sí, en general somos impacientes. Pero eso no tiene porque ser bueno, más bien al contrario, ya que si fuéramos todos un poquito más calmos por la vida, disfrutando del “paseo”, quizás nos iría todo un poco mejor.

    Sin embargo, y como diría mi madre, “todos los muchos aprietan”, así que las cosas, y por extensión las historias, ni demasiado aceleradas ni demasiado cansinas. El punto está en la medida justa.

    Porque como bien dices, si va todo tan rápido que ya de buenas a primeras te lo encuentras todo resulto, ¿qué gracia tiene el seguir leyendo? . Por otra parte hay veces que te encuentras con una historia que va dando vueltas y más vueltas a una misma (y única) situación que se alarga hasta el infinito sin acabar de llegar nunca al desenlace y acabas desesperandote y puede que incluso descartando su lectura. Otras veces, en cambio, si la trama es buena y tiene su ritmo, vas devorando capítulos sin darte cuenta y esperando con ansia a ver qué sucede en el siguiente.

    Así pues, creo que lo más importante no es si las cosas van más o menos rápidas, si no que la historia tenga el suficiente fundamento para mantener vivo el interés del que lee... y esa pizca de anticipación que hace que quieras pasar un montón de páginas de golpe!

    Espero que tengas muchísima suerte con tu nuevo libro. ¡Que seguro que sí!

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    1. Gracias, Gio!! Me encanta la frase que dice tu madre "todos los muchos aprietan", y cuánta razón tiene. Yo trato siempre (no sé si llego a conseguirlo) que el ritmo sea el adecuado como dices para que el lector vaya capítulo a capítulo y no quiera dejar de leer. Muchas gracias por comentar.

      Un abrazo!!

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